Trastorno Mixto Ansioso Depresivo

Trastorno Mixto Ansioso Depresivo

Todos alguna vez nos hemos sentido tristes o ansiosos por algún motivo, seguramente durante un periodo corto de tiempo unido a determinadas circunstancias de la vida.

No obstante, cuando los síntomas de nerviosismo, taquicardia, apatía, problemas para dormir, falta de interés… se extienden más de un mes, aparecen sin razones aparentes y alcanzan una intensidad que llega a perjudicar tu vida; se debe considerar que hay algo más grave detrás que hay que solucionar.

Estos son los rasgos del Trastorno Mixto Ansioso-Depresivo, una condición poco estudiada pero que está en aumento y provoca numerosas bajas laborales o absentismo escolar en los adolescentes. Es una forma algo más leve de depresión y ansiedad, pero no por ello debe ser olvidada, existiendo tratamientos muy efectivos para paliarla.

A continuación, se presentan las características del trastorno, sus causas, sus criterios diagnósticos, sus síntomas y tratamientos; entre otras cosas.

Definición

El Trastorno Mixto Ansioso Depresivo es una condición muy frecuente, y consiste en una categoría diagnóstica donde entran aquellos pacientes que presentan tanto síntomas de ansiedad como de depresión en igual medida, pero de forma menos intensa.

Lo más frecuente es que lo síntomas de ansiedad sean más acentuados que los de depresión.

Estos pacientes no cumplen con los criterios diagnósticos específicos de ansiedad o de depresión por separado. Además, se caracteriza por una aparición de los síntomas que no depende de acontecimientos estresantes de la vida.

Esta clasificación es relativamente nueva y poco estudiada, ya que parece funcionar como “cajón de sastre” para los que no encajan con otros criterios diagnósticos.

Sin embargo, está claro que constituye una enfermedad que afecta a la salud mental de la persona y, por tanto, repercute en su funcionamiento diario.

Causas

Tras numerosos estudios, se ha llegado a la conclusión de que, tanto los trastornos de ansiedad como los depresivos, parecen surgir por una combinación de factores de tipo biológico, psicológico y ambiental, existiendo muchas causas diferentes.

Como las causas de ambos trastornos son tan parecidas, no es extraño que se den conjuntamente. De hecho, un 58% aproximadamente de pacientes con depresión mayor tienen también un trastorno de ansiedad, y un 17,2% de los afectados por ansiedad generalizada presenta depresión.

Factores biológicos: abarcan los desequilibrios en ciertos neurotransmisores cerebrales como la serotonina o la dopamina y sus receptores, además de predisposiciones genéticas.

Factores psicológicos: personalidad, esquemas cognitivos de la persona, valores, creencias, etc.

Factores ambientales: haber crecido en familias disfuncionales, entornos inestables, tener un nivel socio-económico más bajo (ya que se traduce en una vida con más dificultades).

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Síntomas

El trastorno mixto ansioso depresivo destaca por tristeza y ansiedad persistente que se extiende durante más de un mes, y tiende a ser crónico.

Puede causar numerosos signos, síntomas y consecuencias tales como:

Alteraciones en la atención y en la memoria que se traducen como falta de concentración y dificultad para aprender y recordar información.

Trastornos del sueño como insomnio o hipersomnia, aunque también pueden darse dificultades para conciliar el sueño o despertar más temprano de la cuenta.

Cansancio y fatiga durante el día.

Preocupación recurrente, irritabilidad y llanto fácil.

Apatía, con una importante pérdida de interés por las actividades que anteriormente le agradaban.

Visión negativa o desesperanza hacia el futuro.

Hipervigilancia a los estímulos o síntomas temidos, acompañada normalmente de la sensación de que algo peligroso para uno mismo u otras personas importantes va a suceder.

Más asociado con la ansiedad, se dan síntomas de taquicardia, temblores, sequedad de boca, sensación de quedarse sin aire o parestesias aunque sea de manera intermitente.

Deterioro social, ya que pueden evitar el contacto con los demás.

Autoestima baja.

No cumplen con sus responsabilidades: normalmente faltan a la escuela o al trabajo o rinden por debajo de lo habitual.

Apariencia descuidada, pudiendo notarse falta de aseo personal.

Abuso de drogas o alcohol, ya que suelen adoptar estos hábitos con el objetivo de paliar o disminuir los síntomas que les atormentan.

 En algunos casos puede acompañarse de ideación suicida.

Diagnóstico

Habitualmente, estos pacientes solicitan ayuda en consulta debido a los síntomas físicos, como alteraciones en el apetito o el sueño y ataques de pánico, sin saber que esconden detrás cuadros depresivo-ansiosos.

Para diagnosticar este trastorno, deben darse síntomas de ansiedad y de depresión, que pueden ser muy parecidos. Además, ninguno de éstos debe predominar claramente sobre otro, o no deben presentar la intensidad suficiente como para hacer diagnósticos diferenciados.

Más bien, muchos de los síntomas que puede manifestar la persona se han originado tanto como por ansiedad como depresión, siendo este solapamiento responsable de la complejidad en distinguir ansiedad de depresión.

Por otro lado, es posible que los dos trastornos estén presentes y cumplan con los criterios diagnósticos, en ese caso se podría diagnosticar al paciente de ansiedad y depresión a la vez; pero no formaría parte del trastorno que aquí describimos.

Por todo esto, puede que sea muy difícil llegar a detectar correctamente este problema y es normal que se den diagnósticos incorrectos.

El CIE-10 de la Organización Mundial de la Salud incluye este trastorno, indicando que debe darse una ansiedad grave acompañada de una depresión algo más leve; y si están a niveles similares debe priorizarse la depresión. Además, debe incluir según el CIE-10 depresión ansiosa leve o no persistente.

Para detectarla se exige que se den síntomas somáticos tales como palpitaciones, temblores, molestias estomacales, boca seca, etc. Y es importante considerar que los síntomas no sean debidos a acontecimientos vitales complicados o estresantes, como una pérdida importante o una experiencia dolorosa. Ya que, si fuera así, se clasificaría como un trastorno de la adaptación.

¿Cuál es su prevalencia?

El Trastorno Mixto Ansioso-Depresivo es uno de los trastornos mentales más comunes, produciéndose en 8 de cada 1.000 personas, a nivel mundial. Es más habitual en mujeres que en hombres.

¿Qué factores de riesgo tiene?

Una persona es más propensa a desarrollar el Trastorno Mixto Ansioso-Depresivo si se expone a las siguientes condiciones:

Tener familiares con trastornos mentales, sobre todo ansiedad o depresión, o con problemas de drogadicción.

Personalidad dependiente o pesimista, o tener baja autoestima.

Bajo nivel socioeconómico.

Ser mujer. Ya que en las mujeres es más habitual este trastorno que en los hombres. Esto parece deberse a factores hormonales que hacen propensa a la mujer.

Falta de apoyo social o familiar.

Haber experimentado alguna experiencia traumática o muy negativa para la persona en la infancia o niñez.

Encontrarse bajo altos niveles de presión y estrés.

Tener enfermedades graves o de carácter crónico.

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Tratamiento

Es frecuente que estos pacientes no lleguen a ser tratados, primero por las dificultades asociadas al diagnóstico; y segundo porque las manifestaciones clínicas suelen ser imprecisas o algo más leves y por ello no se le da importancia.

El paciente aprende a convivir con esos síntomas y no suele acudir a consulta hasta que no presenta algún síntoma físico que le perjudique gravemente su día a día (como insomnio, por ejemplo). Por lo que se observa, la mayoría de los afectados no demandan atención psicológica ni psiquiátrica.

Ante estos pacientes, lo habitual es ayudarles a sentirse mejor a través de tratamiento farmacológico combinado con otras técnicas, sobre todo si se dan crisis de pánico o agorafobia.

Anteriormente era complicado escoger tratamiento farmacológico para esta condición, ya que algunos antidepresivos y ansiolíticos funcionan de forma diferente. Sin embargo, actualmente se utilizan los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS) que está demostrado que tienen la cualidad de ser válidos tanto para la depresión como para la ansiedad.

Hay antidepresivos que también parecen muy efectivos si se tiene depresión y trastorno de ansiedad generalizada como paroxetina o venlafaxina. Aunque lo más frecuente, es utilizar conjuntamente antidepresivos y benzodiacepinas.

Evidentemente, el tratamiento farmacológico va a ir encaminado a paliar aquellos síntomas más acentuados en cada paciente, es decir, los que provocan el deterioro en su vida y son más urgentes.

Por ejemplo, si los síntomas de ansiedad son los que acentúan los problemas, hay que centrarse en fármacos que combatan la ansiedad. De todas formas, las benzodiacepinas solamente no suelen recetarse aisladamente en los pacientes con trastorno mixto ansioso depresivo.

Un error que no se debe cometer es sólo enfocarse en el tratamiento farmacológico, olvidando otras técnicas que son más útiles. Es importante saber que los fármacos por sí mismos no van a solucionar el problema, sino que son complementarios a otras intervenciones y las facilitan; promoviendo energía y bienestar en el paciente para que siga otras terapias.

La investigación en tratamiento únicamente en el Trastorno Mixto Ansioso-Depresivo es muy escasa, aunque podemos seguir los pasos para tratar la ansiedad y la depresión.

De esta forma, la terapia psicológica cognitiva conductual (TCC) es la que ha demostrado mejores resultados, principalmente si en algunos casos se combina con tratamiento farmacológico.

En esta terapia se reúnen métodos tanto cognitivos y referidos a cambiar el punto de vista, creencias y esquemas mentales de la persona. Aquí entraría la reestructuración cognitiva o la detención del pensamiento.

Se usan también métodos conductuales, dirigidos a que el paciente ponga en marcha poco a poco comportamientos que le van a traer cierto beneficio.

Así, aumenta conductas deseables en la persona como que sea capaz de levantarse de la cama para ir al trabajo, reduce conductas indeseables como, por ejemplo, llevar siempre alcohol o pastillas en el bolso, o bien enseña a la persona a poner en marcha comportamientos nuevos beneficiosos.

Otras técnicas muy útiles para la ansiedad son la exposición controlada a los estímulos temidos, el ejercicio físico intenso o técnicas de relajación. Entre las técnicas de relajación se encuentran la relajación progresiva de Jacobson, técnicas de respiración o relajación autógena.

Fuente: Lifeder.com

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